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sábado, 12 de diciembre de 2015

Favela de Jacarepaguá (Rio de Janeiro) con Racing FC Society

Los que me conocen, saben que una de mis principales características es ser enfermo de Racing. Por eso cuando planee venir para acá para Rio de Janeiro, lo primero que hice fue buscar si existía una Filial de Racing. Lamentablemente no tenían nada de eso acá (ya la voy a formar, eso seguro!), pero una semana después de casualidad en un grupo de Facebook de Racing, publicaron la información de un equipo de Futbol 7 que usaban el escudo y los colores de mi equipo (Racing FC Society). Sin dudarlo, me contacté con Eliomar, el presidente del club. Intercambiamos algunos mensajes y quedamos en juntarnos cuando llegara a Rio, para ver un partido de ellos y conocerlos.

Eliomar y yo en la previa del 2do partido.


El domingo 6 de diciembre ellos jugaban un cuadrangular, y combinamos con Eliomar que me pasaba a buscar por el Brazuca's Copacabana Hostel a las 9.30am. A pesar de haber hecho guardia hasta las 8am ese día, no dudé un instante en confirmar que iba. Terminé mi turno, me bañé, dormí casi una hora, y estaba listo para esperarlos. Llegaron en el auto Eliomar junto con Nery (perdón si están mal, son difíciles los nombres propios en otro idioma), y me saludaron como si me conocieran desde hace mucho.

Durante el viaje fuimos conversando de fútbol argentino y brasilero en general, de Racing, de Rio de Janeiro, etc. Nery jugó con Centurión en el Genoa, y son amigos desde entonces, me mostró foto del WhatsApp de Ricky.  Al auto subieron después la mujer de Eliomar, Morgania, y Leandrinho, otro de los jugadores.

Llegamos al predio, después de como 1 hora de viaje, era en un condominio (sería algo así como un barrio cerrado) en medio del morro. Fui saludando al resto de los jugadores que estaban ahí. A ver, claramente se me nota que no soy brasilero, por más que con el portugués me defienda, se nota la tonada argentina. Todos me saludaron con la mejor onda, no sé si porque ya sabían que venía un argentino, o simplemente porque sí.

Racing FC Society - Plantel completo


El torneo en sí, como dije, era de cuatro equipos. Se sortearon los equipos que iban a jugar entre sí, y los ganadores de ambos partidos jugarían la final. Racing hizo el primer gol del torneo, pero luego perdió 4 a 1 con ese rival. Floja la defensa en el primer gol, más flojo aun el arquero en el segundo (se le escapó la pelota entre las manos en una pelota que venía llovida). De ahí en más, el partido se hizo imposible, aunque Racing lo buscó (lo buscamos) todo el tiempo.
Quedó por lo tanto jugar contra el otro perdedor, para ir por el tercer puesto. Tampoco se pudo, el partido fue de ida y vuelta, ambos equipos estuvieron al frente en varias oportunidades, y finalmente terminó 5 a 6, prácticamente sobre la hora, con un error nuevamente de la defensa.
Para destacar el 5 del equipo, Tarcisio, un motorcito en el medio. Además del recuerdo futbolístico que me llevo, también me regalaron una de las botellitas con agua que usan en el equipo.

Botellita de agua del Racing FC Society


Termina el partido a eso de las 14.30hs (yo seguía prácticamente con 2 horas de sueño desde un día y medio) y Eliomar me pregunta si esa noche trabajaba, o si estaba libre para ir a comer un asado con todos. Por supuesto que dije que sí; yo imaginaba que era en una parrilla por la calle, pero me dijeron que era en la casa de Vagner. Confirmé nuevamente que no tenía problema, y me dijeron "pero mirá que Vagner vive en la favela. Te da miedo?". "Estamos yendo en un auto. Si al dueño no le da miedo, por qué me daría a mi?", les contesté.
Justamente el día anterior me habían ofrecido hacer el "Favela Tour" que se suele hacer acá, te llevan a la Rocinha, y vas bajando todo caminando viendo cómo viven. Lo rechacé porque me parece algo así como si estuvieses yendo a una visita a un zoológico. Eso de ir a ver como "desde afuera" todo, sin involucrarse, no me gusta. Quiso la casualidad que justamente un día después, termine yendo, a esta altura puedo decir, entre amigos.

Entramos con el auto al corazón de una favela en Jacarepaguá. Me sorprendió la cantidad de cosas que había. Es directamente una ciudad dentro de Rio de Janeiro. Hay bancos, tiendas de ropa, de celulares, de electrodomésticos, todo. Hay mucho "gato" entre los postes de iluminación, que es la forma de llamarle que tienen acá a "colgarse del cable". Estacionamos donde pudimos, y de ahí caminamos por una de las calles "principales", sin encontrar bien la callecita lateral de la casa de Vagner. Preguntamos si lo conocían en las calles y locales cercanos, y nada. Finalmente llamamos por teléfono, y pedimos que nos digan bien el nombre de la calle. Cuando la encontramos, Julio (uno de los más chicos seguidores del equipo) ya venía corriendo a buscarnos.
Llegamos a la casa, y tres pisos más arriba, en la terraza era el salón de fiestas, ya que lo que estábamos celebrando era el futuro nacimiento de Danilo, el  hijo de Vagner y Roberta, que ya está de 8 meses. Si estaba feliz porque me inviten a un partido de fútbol, más aun después cuando me invitaron a un asado, imagínense cómo estaba de pensar que un hasta hace 12hs desconocido, me invitaba a un asado para celebrar la futura llegada de su hijo.

Eramos los primeros en llegar, todavía estaban acomodando asi q dimos una mano con lo que podíamos. La verdad que pocas veces  me sentí tan bien atendido. Cada 5 minutos venía alguien a ofrecernos algo de comer, o a llenarnos el vaso. Cuando veían que durante más de 10 minutos no tomaban, ya me cargaban con que había aflojado, y venían y me llenaban el vaso. Después de un rato ya directamente todos me decían "Argentino", obviamente. La forma en que me atendía Vagner a mi, casi un desconocido, en una ocasión tan especial para él, me hizo acordar a cómo trataba mi tío Rafael en Uruguay a todo el que iba. Siempre tenía algo para compartir de tomar o de comer. Y si no tenía, iba y compraba.

Morgania, Roberta, Vagner y Eliomar - "Danilo seja bem-vindo"


A veces me colgaba, mirando a nada, o mirando todo, y la estaba pasando muy bien, charlé con todos, me cagué de risa (no encuentro ninguna frase que describa mejor cómo la pasé), tomé, comí. Estaba super contento, y me di cuenta q para eso vine a Brasil, alejándome de muchas cosas en Argentina. Para compartir momentos así con la gente.

Ese domingo a las 19.15hs (hora brasilera) Racing de Avellaneda jugaba el partido de vuelta por la Liguilla Pre-Libertadores, nada menos que contra Independiente, su rival de toda la vida. En la ida habíamos ganado 2 a 0 en cancha de ellos, después de 14 años, y ahora teníamos que recibirlos en casa y hacer completa la fiesta, dejándolos afuera de la Copa. Mientras tanto en la fiesta ya eran las 17hs, iba cayendo gente y ya asumía que era para largo la joda, y me di cuenta q me iba a perder el clásico pero casi no me importó. No me acuerdo cuándo fue la última vez que no fui, vi o escuché un partido de Racing. Supongo que incluso jamás me ha pasado con un clásico. Pero en ese momento juro que no me importaba.
Confieso que cuando se hizo la hora en que estaríamos en el entretiempo, me empecé a poner nervioso y quise saber cómo íbamos. Eliomar no tenía señal, así que empecé a mirar alrededor quién sí la tenía. Tiago, de la Comisión Técnica de Racing, me prestó el celular. Logré ver que seguía 0 a 0, y me quedé un poco más tranquilo. Faltando 20' le pedí nuevamente el celular, y lamentablemente perdíamos 1 a 0. No puedo explicar lo que sufrí esos 20 minutos. No podía sacarle el celular a Tiago para verlo, así que contaba los minutos. En mi cabeza ya perdíamos 3 a 0 incluso. Esos minutos estaba físicamente ahí en la fiesta, pero mi cabeza no. Cuando finalmente no aguanté más, vuelvo a mirar, empatábamos 1 a 1, ellos tenían 2 expulsados y quedaban pocos minutos del partido. Me quedé tranquilo y volví a la excelente experiencia que estaba viviendo.

Después de eso, seguimos la fiesta hasta cerca de las 21.30hs. Un par de charlas, algunas fotos, volver en auto con Eliomar, Morgania, Nery y la mujer e hijo de Tiago. Con Nery hacíamos competencia a ver quién tenía más sueño, básicamente. Dormí prácticamente todo el viaje, pero me desperté para ver la Rocinha de noche cuando pasábamos cerca: es ENORME. Me trajeron hasta el Brazuca's Copacabana Hostel donde estoy trabajando y viviendo, nos despedimos, y subí a mi habitación extasiado por la experiencia, tanto que no podía dormirme. Miré cómo había terminado el clásico, y para mi lamento, habiamos perdido 2 a 1 sobre la hora. Luego me enteré que nos salvamos del tercer gol, que forzaba los penales, sobre el final del partido.

Sigo agradecido enormemente a Eliomar y Morgania, a Vagner y Roberta en particular que me abrieron las puertas de un festejo tan importante sin siquiera conocerme, a Tiago y su celular por calmar mis nervios, y a todo el equipo e hinchada en general que me trató como si fuera uno más desde el primer momento. No tengo forma de compensarlos por semejantes gestos y acciones, solamente puedo contarlo para que sepan la clase de persona que son.